Y el chaval sólo tenía dieciocho años, ¡maldición!

Así que tenía que sacarlo de allí, llevarlo de vuelta a su habitación y conseguir que se despejara lo suficiente para meterle algo de sentido común en la mollera.

Abrió la puerta, y el ruido, el olor a cerveza y el tumulto la agredieron de inmediato. Escudriñó el local, y al final localizó a Mike y a su compañero de habitación, Paul Donnell, en una mesa al otro lado del bar. Avanzó con rapidez hacia ellos. De lejos, Paul parecía sobrio, pero era evidente que Mike tenía una tajada soberana. Apenas era capaz de mantenerse sentado en la silla.

– Jane. -Paul se levantó-. Esto sí que es una sorpresa. Creía que no ibas de bares.

– Y no voy. -Y para Paul no era ninguna sorpresa. Le había telefoneado hacía treinta minutos para decirle que Mike estaba deprimido y en vías de acabar como una cuba. Pero si quería proteger su relación con Mike fingiendo que él no le había dicho nada, por ella no había inconveniente. Nunca le había importado mucho Paul. Tenía demasiada labia y era demasiado frío para su gusto, aunque era evidente que estaba preocupado por Mike-. Excepto cuando Mike se comporta como un idiota. Vamos, Mike, salgamos de aquí.

Mike levantó la vista hacia ella medio adormilado.

– No puedo. Sigo lo bastante sobrio para pensar.

– Apenas. -Jane lanzó una mirada a Paul-. Paga la cuenta, y me reúno contigo en la puerta.

– No voy a ir -dijo Mike-. Estoy feliz aquí. Si consigo beber una cerveza más, Paul prometió cacarear como un gallo. Un gallo rojo…

Paul arqueó las cejas y miró a Jane.



9 из 373