
El pasado ingrato regresa y muestra una errada traducción de la realidad. Los componentes carnavalescos sobresalientes, como resultan la ocultación del personaje tras las máscaras que le ofrecen los medios de comunicación de masas, derivarán en causa del drama cuando parecía abierta una esperanza de que el protagonista fuera capaz de luchar por el amor de Baby. Los disfraces que Taquito Carrillo adopta, las imitaciones de ídolos populares que lleva a efecto, todo ello denuncia su desconfianza en sí mismo y la necesidad de encontrar referentes ajenos a su mundo y sí pertenecientes al ficcional de, por ejemplo, el cine. La asunción de personalidades ajenas a la realidad del personaje y su asidero en ficciones de ese tipo provocarán el desastre. De nuevo aparece el problema de la indefinición entre esos límites de los mundos que habitan los personajes de Alfredo Bryce Echenique y las nefastas consecuencias de todo ello. A la memoria experiencial se imponen otras memorias ajenas o atávicas -literaria, escritural, musical, cívica, clasista, histórica, o la procedente de los medios de comunicación de masas-, todas las cuales, por ajenas, resultan en el desencuentro; este fracaso aparece ya inmediato o, tal vez, ya algo remoto tras un triunfo sólo efímero.
La recopilación de esos y otros cuentos dan como resultado La felicidad ja ja
En cambio, «Muerte de Sevilla en Madrid» suponía la más exitosa realización del humor como forma de mitigar el dolor y de la mentira o de la imaginación como forma de sobrellevar una existencia grisácea. Como suele ser habitual, se descubre efímera esa forma de salvación de la realidad y Sevilla acaba trágicamente cuando la realidad le vence a pesar del engaño que trama contra su memoria, que ha tergiversado en lo referente a su héroe adolescente. El aura del instante provocarán el trauma del desencanto, que quedará confirmado tras las respuestas del cuerpo, que mueven al protagonista, angustiado por su entorno de cuadros religiosos y goyescos y las caricaturas de hombres que acompañan a Sevilla, todo lo cual provocará, sin embargo, la hilaridad del lector por el narrar chaplinesco de las escenas.