El juego con el tiempo y sus consecuencias -el recuerdo y la nostalgia- se convertirán en perfiladores de un espacio que, además, penetra con mayor hondura en la metaficcional confusión entre ficción y realidad, al citar como reales a Susan y a Juan Lucas, protagonistas de Un mundo para Julius, y más tarde, ofrecer un breve diálogo entre Alfredo Bryce Echenique y su esposa Maggie, inquilinos del mismo hotel que Sevilla e igualmente partícipes de visiones idénticas desde la ventana de esa habitación.

Ese difícil equilibrio constituirá la base sobre la que se asiente Tantas veces Pedro (1977), novela fronteriza entre la realidad que vive el personaje y la ficción que crea. El resultado es un caos estructural que refleja la mente y el mundo del protagonista, un aspirante a escritor que modela su vida conforme a su vocación y cuya existencia pone en duda la conclusión de la historia y el revelador epílogo. Ante el terror del olvido y del recuerdo verdadero, el protagonista y el narrador emprenden la confección de un texto que salve de la realidad al pasado; así, todo se concibe y progresa como una lucha contra el olvido de Sophie y contra el mismo recuerdo, que la memoria transforma y reelabora caóticamente, en un orden tan turbio como el protagonista que lo lleva a efecto. La deconstrucción, la metaficcionalidad y la estructura, amén de la sabia caracterización del protagonista, a la vez retratador de los demás personajes, resultan otros mecanismos fundamentales que intervienen decisivamente en la novela. La sensación de mise en abîme o de vértigo narrativo supone uno de los éxitos de una estructura compleja y de una narración ambiciosa que se resuelve con fortuna.



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