Él miró a su alrededor

– Este no es un buen lugar para pasear, ¿no cree? Sobre todo si no se le dan bien los mapas y las indicaciones.

– ¿En el bosque, quiere decir? Pero no me ha faltado ayuda. -Hizo un gesto hacia el sur y él pudo ver que estaba señalando hacia la cima de una colina distante donde se alzaba un enorme roble, más allá del bosque-. Cuando entré en el bosque mantuve ese árbol siempre a la vista y a mi derecha, y ahora que se encuentra a mi izquierda estoy bastante segura de que me dirijo hacia el aparcamiento. De modo que, como puede ver, a pesar de tropezarme con ese sitio donde colocan paja en los tejados y meterme en un campo donde pastan las vacas, no estoy completamente perdida.

– Ese árbol es de Nelson -dijo él.

– ¿Qué? ¿Quiere decir que alguien es el dueño de ese árbol? ¿Se encuentra en una propiedad privada?

– No. Es tierra de la Corona. Se llama el «roble de Nelson». Se supone que lo plantó él. Lord Nelson, quiero decir.

– Ah. Entiendo.

La observó más detenidamente. Acababa de hacer una mueca con los labios, y a él se le pasó por la cabeza que quizá no supiera realmente quién era Lord Nelson. Hoy había gente de esa edad que no lo sabía. Para ayudarla sin colocarla en una situación incómoda, dijo:

– El almirante Nelson hizo construir sus barcos en los astilleros de Buckler's Hard. Más allá de Beaulieu. ¿Conoce ese lugar? ¿En el estuario? Empleaban una enorme cantidad de madera, de modo que tuvieron que comenzar a reforestar el bosque. Es probable que Nelson no plantase ningún roble con sus propias manos, pero, de todos modos, el árbol está asociado a su nombre.

– No soy de aquí -dijo ella-. Aunque me imagino que ya se ha dado cuenta de eso. -Extendió la mano-. Gina Dickens. Ninguna relación. Sé que ella es Tess -añadió con una leve inclinación de la cabeza mirando a la perra, que se había instalado alegremente junto a Gina-, pero no cómo se llama usted.



20 из 738