Le pregunté si era por algo que yo había hecho, como fumarme un cigarrillo demasiado cerca de la puerta, ya sabes, o algo así, pero todo lo que me dice es: «No, no se trata de ti». De modo que creo que se trata de mi madre o de mi padre, con todo ese rollo de la Biblia, y pienso que han estado echándole un sermón o dejándole, ya sabes, esas cosas que escribe mi madre. ¿Debajo del limpiaparabrisas? Pero ella me dice: «Soy yo. No eres tú. No son ellos». Entonces me dice que lo siente y que no le pregunte nada más.

– ¿El negocio iba mal? -preguntó Meredith.

– No lo creo. Allí siempre había gente comprando cosas. Si quieres saber mi opinión, es muy raro que ella quisiera cerrar la tienda, y yo lo sabía. De modo que la llamé por teléfono una semana después de que hablara conmigo. Tal vez un poco más. No lo sé exactamente. La llamé al móvil para averiguar qué había pasado, pero sólo conseguí contactar con su buzón de voz. Le dejé un mensaje. Eso lo hice dos veces, al menos. Pero nunca me devolvió las llamadas, y cuando intenté comunicarme otra vez con ella…, el teléfono estaba… Nada. Era como si lo hubiese perdido o algo así.

– ¿La llamaste a su casa?

Lexie meneó la cabeza y se tocó un corte que estaba cicatrizando en el brazo. Era lo que hacía: autolesionarse. Meredith lo sabía porque la tía de Lexie era la dueña de la agencia de diseño gráfico donde ella trabajaba mientras esperaba para dedicarse a lo que realmente quería hacer, que era el diseño textil, y como Meredith sentía una gran admiración por la tía de Lexie y como la tía de Meredith se preocupaba por la chica y se preguntaba si no habría algo que pudiese sacarla de su casa y alejarla unas horas al día de sus padres medio chiflados…, Meredith le había sugerido a Jemima que contratase a Lexie como su primera empleada. El plan había sido que, al principio, la ayudase a instalar la tienda y luego trabajase detrás del mostrador. Jemima no podía hacerse cargo de todo y Lexie necesitaba el trabajo, y además Meredith quería ganar puntos con su jefa. Todo parecía haber salido a pedir de boca.



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