
Pero no había ningún buen humor en la voz del hombre cuando, después de un par de segundos, comentó:
– Supongo que eso fue porque nació usted en marzo.
Ella lo miró, sintiéndose nuevamente cómoda con él.
– No, de hecho fue en diciembre -Kelsa sonrió-. El nombre de mi madre era March y creo que, como ella tenía un solo nombre, lo quiso compensar poniéndome tres a mí, pero…
– ¿Tenía? -la interrumpió Garwood Hetherington.
– Mis padres murieron en un accidente automovilístico hace dos años -repuso ella en voz baja.
– Lo… siento -dijo él con aspereza, y siendo obviamente un hombre muy ocupado, sin decir nada más, hizo una inclinación de cabeza y siguió su camino.
En los siguientes días, el hecho de que el presidente de la compañía se hubiera dignado charlar un buen rato con una de sus empleadas, comenzó a borrarse de su mente. Sin embargo, a la semana, cuando el trabajo tan monótono que hacía la hizo pensar en buscarse otro puesto, se dio cuenta de que el presidente de la compañía, no la había olvidado. Y estaba sorprendida de que, gracias a su nombre, que a él le pareció muy poco usual, la tomó en cuenta para auxiliar de su secretaria particular que estaba saturada de trabajo.
Kelsa apenas pudo creer en su buena suerte cuando recibió una petición para presentarse de inmediato en la oficina del presidente y tener una entrevista para el puesto de asistente de la secretaria particular.
Simpatizó con Nadine Anderson de inmediato y le dio gusto darse cuenta de que fue recíproco. La secretaria particular del presidente tenía unos cuarenta años, pensó Kelsa, y la entrevistó de una manera muy agradable; y Kelsa casi no lo podía creer cuando, a los pocos minutos, la mujer declaró… que pensaba que las dos podrían trabajar muy a gusto juntas.
Fue tan rápido, que Kelsa apenas lo podía digerir; se despidió de la sección de transporte y en un par de horas, ya se encontraba establecida en la oficina de Nadine Anderson.
