Que la junta directiva financiara un lugar como ese cuando el hospital rechazaba pacientes que no podían pagar, pacientes que necesitaban asistencia médica, era una necedad.

En su modesta opinión.

Que al parecer, no era tan modesta. Iban a penalizarlo por su comentario. De la peor manera posible.

– Las cosas son como son -le había dicho Leo a modo de disculpa-. Eres estupendo con tus pacientes, pero cuando se trata de los demás… la junta directiva, tus empleados… todos dicen que eres una pesadilla, e incluso yo estoy de acuerdo. Tienes que aprender a ser más delicado, Luke, o por muy bueno que seas, vas a conseguir que te despidan. En vista de eso, vas a ofrecer tus servicios de manera voluntaria, todos los sábados durante tres meses, en Healing Waters Clinic.

Luke lo había mirado un instante.

– ¿Por qué no me quitas la licencia? Sería menos doloroso.

Leo se había reído y le había dado una palmadita en la espalda.

– Disfruta, Luke. Es tu última oportunidad para demostrar que sabes jugar en equipo.

«Jugar en equipo», pensó. Su meta más anhelada. No. Contempló el océano y siguió dándole vueltas al tema.

– Bonita vista -dijo Carmen señalando las chicas en bikini con la mirada.

Él se encogió de hombros. Maldita sea, él era un buen médico. Un médico estupendo. Eso debía de ser todo lo que importara, no lo que le contara a la prensa ni cómo tranquilizara a los que lo rodeaban.

– Entonces… -Carmen se apoyó sobre los codos, como si ya no pensara limpiar más-. ¿A cuántos pacientes has visto hoy?

– A muchos -dijo Luke con un suspiro.

– ¿Alguna paciente interesante? Digamos… ¿alguien lo bastante interesante como para salir con ella?

¿Por qué un hombre soltero siempre era un blanco irresistible?

– ¿Por qué lo preguntas?

– Porque una de ellas te trajo unas galletas. Debes de haberle causado una buena impresión, doctor Luke.



3 из 106