
No quiso hacerlo.
En su lugar dijo:
– Lo siento. -Y quería decirlo, también.
– Ella está en el jardín -dijo Anthony con aspereza-. Creo que quiere hacer un baile en el patio. ¿Puedes creerlo?
Gregory podía creerlo. Eso sonaba exactamente como su cuñada. No era de las que permitían que un momento tan agradable pasara por ella, y con un clima tan raramente bueno, ¿por qué no organizar un baile al aire libre?
– Debes bailar con cualquiera que ella desee -dijo Anthony-. A Kate no le gustaría que ninguna de sus jóvenes damas se sintiera rechazada.
– Por supuesto que no -murmuró Gregory.
– Me reuniré contigo en un cuarto de hora -dijo Anthony, mientras regresaba a su escritorio donde varios montones de papeles lo esperaban-. Todavía tengo cosas que terminar aquí.
Gregory se puso de pies.
– Pasaré a saludar a Kate. -Y entonces, la entrevista claramente había llegado a su fin, y cuando salió del cuarto se dirigió al jardín.
Había pasado algún tiempo desde que había estado en Aubrey Hall, la casa ancestral de los Bridgertons. La familia se reunía allí en Kent para celebrar la Navidad, por supuesto, pero en realidad, no era la casa de Gregory, y nunca lo había sido. Después de que su padre había muerto, su madre había hecho algo poco convencional y había desarraigado a la familia, eligiendo pasar la mayoría del año en Londres. Nunca había explicado sus razones, pero Gregory siempre había sospechado que la elegante casa antigua le traía demasiados recuerdos.
