– Y que hayas pensado finalmente en tu futuro.

Gregory sentía que algo se apretaba en la parte de atrás de su mandíbula.

– Solo tengo veintiséis años -le recordó-. Seguramente soy muy joven como para que tengas que repetirme la palabra finalmente.

Anthony simplemente arqueó una ceja.

– ¿Quieres que hable con el arzobispo? ¿Ver si puede encontrarte una parroquia?

El pecho de Gregory se sacudió con un espasmo de tos inesperado.

– Er, no -dijo, cuando fue capaz de hacerlo-. Por lo menos, todavía no.

Anthony levantó una esquina de la boca. Pero no mucho, y no, ese estiramiento no podría definirse como una sonrisa.

– Podrías casarte -dijo él suavemente.

– Podría -aceptó Gregory-. Y lo haré. De hecho, planeo hacerlo.

– ¿De verdad?

– Cuando encuentre a la mujer correcta. -Y entonces, ante la expresión de duda de Anthony, Gregory agregó-: Seguramente tú entre todas las personas, recomendaría un matrimonio por amor en lugar de uno por conveniencia.

Anthony era reconocido por estar enamorado de su esposa, que a su vez estaba inexplicablemente enamorada de él. Anthony también era celebre por estar consagrado a sus siete hermanos menores, por eso Gregory no debió haber sentido un salto tan inesperado de emoción cuando él le dijo suavemente:

– Te deseo la misma felicidad que yo disfruto.

Gregory se salvó de tener que contestarle, ya que su estómago retumbó ruidosamente. Le ofreció a su hermano una expresión de timidez.

– Lo siento. Me perdí la cena.

– Lo sé. Esperábamos que llegaras más temprano.

Gregory evitó hacer una mueca de dolor. Solo lo justo.

– Kate estaba un poco molesta.

Eso era lo peor. Cuando Anthony se decepcionaba era una cosa. Pero cuando decía que alguien le había causado algún disgusto a su esposa…

Bueno, allí era cuando Gregory sabía que estaba en problemas.

– Salí muy tarde de Londres -masculló.



9 из 329