
Lucy sonrió educadamente, aunque no podía imaginar como podía él notarlo, y esperó a que se inclinara y se presentara a sí mismo.
Y entonces él hizo la cosa más asombrosa. Después de decir su nombre -debió haber sabido que era un Bridgerton con solo mirarlo- se inclinó y le besó su mano primero.
Lucy contuvo el aliento.
Luego, por supuesto, comprendió lo que él estaba haciendo.
Oh, era bueno. Era realmente bueno. Nada, pero nada haría que Hermione se fijara más rápidamente en un hombre, que ver que este le hacía un cumplido a Lucy.
Pero era muy malo para él, que el corazón de Hermione ya estuviera comprometido en otra parte.
Oh bueno. Sería muy divertido mirar toda la obra, por lo menos.
– Soy la Srta. Hermione Watson -estaba diciendo Hermione, y Lucy comprendió que las tácticas del Sr. Bridgerton eran doblemente diestras. Pues al besar la mano de Hermione en segundo lugar, podía demorarse más, y ella, realmente, sería la única que debía hacer las presentaciones.
Lucy estaba casi impresionada. Sin otra cosa más, eso lo marcaba ligeramente como más inteligente que la mayoría de los caballeros.
– Y esta es mi más querida amiga -continuó Hermione-. Lady Lucinda Abernathy.
Lo dijo de la manera en que siempre lo decía, con amor y devoción, y quizás con el toque más desnudo de desesperación, como si dijera: Por la gracia de los cielos, échale a Lucy una mirada, también.
Pero era claro que ellos nunca lo hacían. Excepto cuando querían un consejo sobre Hermione, y de cómo ganar su corazón. Cuando eso sucedía, Lucy era muy solicitada.
El Sr. Bridgerton -el Sr. Gregory Bridgerton, se corrigió Lucy mentalmente, porque allí había, hasta donde sabía, tres Señores Bridgertons en total, sin contar al vizconde, por supuesto- se volvió y la sorprendió con una brillante sonrisa y con ojos calurosos.
