
– Más fuerte, Justice, lo quiero más fuerte -murmuró.
– Me estoy controlando, Maggie. Hace demasiado tiempo y no quiero hacerte daño.
Maggie le tomó el rostro entre las manos y sonrió. -Lo único que me hace daño es que te controles. Justice, te necesito.
Justice apretó los dientes, la agarró de la espalda con una mano y la levantó para depositarla sobre la alfombra que cubría el suelo de madera. A continuación, colocó sus manos a la altura de la cabeza de Maggie y sonrió.
– Ya te dije cuando compraste esos sofás que eran demasiado blandos.
– Para estar sentados son perfectos, pero para esto, tienes razón, son demasiado blandos -sonrió Maggie.
Dicho aquello, volvió a elevar las caderas para sentir a Justice todavía más dentro de su cuerpo. Justice se retiró ligeramente para, un instante después, volver a adentrarse en su cuerpo con más fuerza.
Maggie sonrió encantada.
Justice le levantó las piernas y las colocó sobre sus hombros, la agarró de las caderas y siguió adentrándose en su interior. Maggie se agarró a la alfombra con todas sus fuerzas mientras Justice se movía a toda velocidad y ambos se dirigían hacia un orgasmo maravilloso.
– ¡Sí, Justice, así, así! -gritó Maggie.
Mientras continuaban haciendo el amor, lo miró a los ojos y supo que jamás sería un ser humano completo sin él.
Aquello hizo que los ojos se le llenaran de lágrimas mientras su cuerpo comenzaba a experimentar los primeros placeres del orgasmo.
Justice deslizó una mano entre sus cuerpos y comenzó a acariciarla, y Maggie se dejó arrastrar por el enorme clímax que la estaba esperando. Cuando se produjo, gritó el nombre de su marido mientras se preguntaba entristecida si sería la última vez que hacía el amor con él.
Justice se entregó también al orgasmo y gimió su nombre desde lo más profundo de su garganta mientras se dejaba caer sobre ella. Maggie lo abrazó con fuerza mientras oleadas y oleadas de placer sacudían sus cuerpos y, aunque sintió que el corazón se le rompía, decidió que Justice no debía darse cuenta.
