
Observó con detenimiento a Justice mientras éste se levantaba de la cama y caminaba desnudo por el dormitorio. Tenía un cuerpo bien formado, esbelto y bronceado porque trabajaba al aire libre desde hacía años. Tenía el pelo castaño oscuro y le caía sobre los hombros. A Maggie aquello siempre se le había antojado muy sensual y él ni siquiera parecía darse cuenta.
Sintió que se le aceleraba el corazón mientras observaba su espalda y su trasero. Justice se movía con una gracia y una elegancia innatas.
La verdad era que todo lo que hacía aquel hombre era fabuloso.
Justice se colocó en cuclillas al lado de la chimenea y echó otro leño al fuego, que se avivó inmediatamente. Maggie siguió observándolo. Tenía las piernas fuertes y bien torneadas, pues pasaba muchas horas a caballo, y la espalda y los brazos fuertes porque trabajaba mucho.
Podría haber contratado a todos los hombres que hubiera necesitado para hacer el trabajo duro del rancho, pero nunca había querido hacerlo. A Justice King le gustaba trabajar con sus vaqueros.
Como si hubiera percibido que lo estaba observando Justice se giró hacia ella. El resplandor de las llamas dibujaba sombras en su rostro y le daba un aire duro y fuerte que lo hacía inalcanzable.
Maggie sintió que el corazón le daba un vuelco. Sabía que iba a sufrir.
Justice era su marido, pero los vínculos que había entre ellos estaban maltrechos. En la cama se entendían a las mil maravillas, pero fuera de ella las cosas se complicaban porque querían cosas diferentes en la vida y ninguno de ellos daba su brazo a torcer, así que el compromiso era inalcanzable.
Era domingo por la noche y Maggie era consciente de que pronto tendría que volver a su mundo, a aquel mundo en el que Justice ya no estaba.
Aquella idea se le hacía insoportable.
La tormenta hizo que el viento y la lluvia arreciaran y Justice se dio cuenta de que Maggie había empezado a darle vueltas a la cabeza. Eso nunca había sido bueno. Justice sabía que lo estaba observando y se dio cuenta de que había puesto aquella cara que solía poner cuando le iba a decir algo que sabía que no le iba a gustar.
