
– Maggie… -le advirtió Justice tomando aire y cruzándose de brazos.
Maggie levantó una mano para interrumpirlo y Justice optó por callar de nuevo y dejarla hablar.
– ¿Sabes qué? Estoy harta de tu orgullo, Justice. El gran Justice King, el amo del universo. Estás tan ocupado arreglando el mundo para convertirlo en el lugar que tú quieres que sea que no tienes tiempo de comprometerte.
– ¿Y por qué iba a querer comprometerme? -contestó Justice dando un paso hacia ella.
Se paró en seco al comprender que, si seguía acercándose, terminarían de nuevo en la cama. ¿Y de qué les serviría? Absolutamente de nada. Tarde o temprano, volverían a aquel mismo punto, a aquel asunto que había terminado con su matrimonio.
– Porque somos dos -contestó Maggie. -No eres sólo tú.
– Ya -contestó Justice.
No le gustaban las discusiones. No creía que resolvieran nada. Cuando dos personas no estaban de acuerdo en algo, pelear, gritar y alzar la voz no era de ninguna ayuda, pero ya estaba harto de aquel tema.
– ¿Quieres compromiso? ¿Y cómo lo haríamos? Con la idea de ceder cada uno un poco? ¿Eso significa medio hijo?
– No tiene ninguna gracia, Justice -contestó Maggie. -Sabes perfectamente lo que la familia significa para mí. Lo sabes desde el principio.
– Y tú también sabes mi opinión al respecto -contestó Justice mirándola con frialdad. -No pienso dar mi brazo a torcer, no puedo darte lo que quieres y tú no eres feliz si no eres madre.
Maggie sintió que el enfado la abandonaba y era remplazado por una falta total de fuerzas. Justice no podía soportar verla así y sobre todo no podía soportar ser el causante de su dolor, pero no podía hacer nada al respecto.
Ni ahora ni nunca.
– Está bien -suspiró Maggie. -Entonces, todo ha terminado. Final de la historia. Otra vez.
Dicho aquello, se puso los pantalones, se abrochó la bragueta, se metió la camisa por dentro y se calzó las botas. Acto seguido, se peinó con los dedos y se recogió el pelo en la nuca.
