
Cuando hubo terminado, se quedó mirando a Justice, a quien le habría encantado poder borrar aquella tristeza de su rostro, pero durante el fin de semana se había dado cuenta de que no debía volver a cruzarse en la vida de Maggie. Era más fácil dejar que lo odiara. Lo mejor para ella sería seguir adelante con su vida.
La idea de que siguiera adelante con su vida significaba que, tarde o temprano, encontraría a otro hombre con el que formar una familia, y aquello le rompía el corazón, pero no podía hacer otra cosa.
Maggie recogió su bolso, se lo colgó del hombro y volvió mirarlo.
– Bueno, creo que lo único que me queda por hacer es darte las gracias por el fin de semana.
– Maggie…
Maggie negó con la cabeza y avanzó hacia la puerta. Cuando se colocó a la misma altura que Justice, se volvió hacia él.
– Firma los malditos papeles del divorcio.
– Está diluviando -contestó Justice agarrándola del brazo cuando Maggie comenzó a andar de nuevo. -¿Por qué no te esperas un poco para irte?
– Porque no quiero seguir aquí -contestó ella soltándose. -Te recuerdo que ya no somos una pareja, así que no tienes derecho a preocuparte por mí.
Unos segundos después, Justice oyó que se cerraba la puerta principal de la casa, se acercó a la ventana y miró hacia el jardín. Allí estaba Maggie.
El viento le había soltado el pelo y, para cuando se montó en el coche, estaba prácticamente empapada.
Justice se quedó mirándola. Las luces del coche se encendieron, el vehículo se empezó a mover… Se quedó mirando hasta que las luces rojas desaparecieron en el horizonte.
Entonces, con un nudo en la garganta, dio un puñetazo en el marco de la ventana y soltó todo su dolor.
CAPÍTULO 03
Justice tiró el bastón, que se estampó contra la pared, lo que lo hizo sonreír satisfecho. Odiaba aquella maldita cosa, odiaba no estar como antes, odiaba que lo tuvieran que ayudar y, sobre todo, odiaba que su hermano se lo dijera.
