
Había intentado olvidarla recurriendo a otras mujeres, pero no le había dado resultado. Jamás había deseado a ninguna otra mujer como la deseaba a ella.
Justice sentía la excitación por todo el cuerpo, los músculos tensos y rígidos. El pasado daba igual. El futuro no existía. Sin embargo, el presente estaba ante él y lo quemaba con intensidad.
– Si de verdad lo nuestro ha terminado, Maggie, lo único que nos queda es el aquí y el ahora -le dijo rozándole los labios con la punta de la lengua. -Si te vas ahora, me moriré.
Sabía que Maggie sentía lo mismo que él.
Ella lo abrazó, le pasó los brazos alrededor del cuello y le acarició el pelo.
– Dios mío, cuánto te he echado de menos -admitió besándolo. -Canalla, todavía te quiero.
– Me rompiste el corazón cuando te fuiste, Maggie -confesó Justice mirándola a los ojos y dándose cuenta de que los de Maggie estaban cargados de pasión, – pero ahora has vuelto y no pienso permitir que te marches inmediatamente -añadió besándola.
Al hacerlo, se sintió vivo de nuevo y se dio cuenta de que durante los últimos meses había sido como un muerto viviente, se había limitado a respirar, comer y trabajar, pero se había sentido completamente vacío. Se había entregado a la rutina del rancho para no tener tiempo de pensar, para no preguntarse qué estaría haciendo Maggie y dónde estaría.
Llevaba tantos meses sin estar con ella que su propio deseo lo sorprendió. Justice le acarició la espalda y llegó hasta sus nalgas, las agarró con fuerza y la estrechó contra él para que Maggie sintiera la prueba de su necesidad.
Maggie gimió de placer y se apretó contra él, momento que Justice aprovechó para deslizar la boca por su cuello. Su olor lo invadió, su calor lo envolvió y ya sólo pudo pensar en tomar lo que había echado de menos durante tanto tiempo.
Le mordisqueó el escote y sintió cómo Maggie se estremecía de placer y ladeaba la cabeza para permitirle mejor acceso. Siempre le había gustado que la besara por el cuello. Justice deslizó una mano por su entrepierna y notó, a pesar de la tela de los pantalones, el calor que irradiaba su pubis.
