
Además de Zito, también desaparecieron esa noche una pareja de pequeños jilgueros que le cantaban a Almón el pescador desde un nido que estaba sobre una rama que arañaba ligeramente su ventana cada vez que soplaba el viento. Y desapareció la carcoma que acompañaba el sueño de Almón por las noches con una ebullición silenciosa, y que no dejaba ni un instante de excavar túneles en los bordes de los viejos muebles de su casa. Incluso aquella carcoma se calló para siempre después de esa noche.
Durante muchos años, el pescador estuvo durmiéndose cada noche con el sonido de la masticación subversiva de la carcoma en el vientre de los muebles. Por eso, desde aquella noche, le cuesta trabajo conciliar el sueño: es como si un profundo silencio se burlara de él en la oscuridad. Así pues, Almón el pescador permanece siempre hasta medianoche junto a la mesa de la cocina recordando cómo tiempo atrás, a esa misma hora, llegaba desde el bosque y se filtraba por las contraventanas cerradas el lastimoso lamento de los zorros, y cómo, desde el pueblo, los perros de los patios respondían a los zorros del bosque con ladridos furiosos que acababan convirtiéndose también en un gemido. En momentos así, su querido perro solía acercarse a él, poner su cálida cabeza sobre sus piernas, levantar la vista y lanzarle una mirada de profunda comprensión, una mirada que irradiaba un brillo silencioso de compasión, amor y tristeza. Entonces Almón le decía:
– Gracias, Zito. Vale. Ya casi se me ha pasado.
Así permanecía el hombre pensando solo en el silencio de la noche, añorando a su perro, añorando los jilgueros, los peces del río y hasta la carcoma, escribiendo, tachando y oyendo a veces a lo lejos el tenue sonido de Nimi, el niño que correteaba solo en la oscuridad entre los patios lanzando relinchos que de lejos parecían un lamento. En momentos así, Almón el pescador empezaba a reñir a su lapicero, a discutir en voz alta con la estufa, o a pasar las hojas de su cuaderno para intentar acallar un poco el hormigueo de la noche y el susurro del río.
