
– Por aquí -murmuraban entre sí los leñadores por la mañana temprano-, por aquí, justo por aquí ha pasado esta noche. Hace sólo cinco o seis horas que ha pasado sin hacer ruido exactamente por el lugar en el que nos encontramos ahora.
Un escalofrío les recorría la espalda al pensar en eso.
8
Una noche, Mati decidió cumplir la promesa que le había hecho a Maya. Pero no tuvo suficiente valor para vestirse, escabullirse a hurtadillas y llegar hasta el pequeño monte que estaba al pie de las ruinas. En lugar de salir, Mati esperó pacientemente a que sus padres y sus hermanas estuvieran dormidos, y entonces se levantó y se deslizó descalzo hasta la ventana de la cocina, desde la que se podía ver de soslayo el monte, con la intención de permanecer allí, despierto y atento, hasta el alba. Consiguió contar al pie de las ruinas las sombras de nueve árboles. Durante toda la noche hubo nueve árboles, y también al despuntar el día seguía habiendo allí nueve, por lo que Mati llegó a la conclusión de que Maya se había confundido llevada por el miedo o la tensión. O tal vez simplemente se había dormido y había tenido un sueño.
