Mati también tenía un plan aún sin ultimar, y lo compartió con Maya, porque sabía que ella era más valiente que él. Además del plan y del deseo común de adentrarse en el bosque, también tenían su secreto, un secreto confidencial que no compartían con nadie, ni con sus padres, ni con la maestra Emmanuela, ni con las hermanas mayores de Mati, ni con Almón, ni con Danir el tejero, ni con ningún amigo o amiga. Sólo cuando no había cerca nadie que pudiese escuchar, Maya y Mati se susurraban el uno al otro emocionados el secreto común que sólo les pertenecía a ellos. A menudo, Mati y Maya se veían a escondidas por la tarde en un establo abandonado y medio en ruinas que estaba en el patio de atrás de la casa de Mati, donde ni sus padres ni sus hermanas podían llegar a oírlos, y hablaban en voz baja de su secreto.

Los niños del pueblo, y entre ellos también las hermanas mayores de Mati, los habían visto a veces conversando en voz baja, y enseguida llegaron a la conclusión de que Maya y Mati habían empezado a ser pareja. Y si habían empezado a ser pareja, resultaba agradable y hasta simpático chismorrear un poco sobre ellos, y también burlarse un poco y molestarles. Y es que siempre, en cualquier tiempo y en cualquier lugar, que un chico y una chica pasan mucho tiempo juntos, solos, en vez de seguir siempre a todo el grupo, al instante se les considera pareja. Y una pareja invita a la envidia. Y la envidia duele, se hincha y empieza a segregar sarcasmo: más o menos como una herida infectada segrega pus.

Mati y Maya no se veían de ese modo a sí mismos: ellos no se consideraban pareja en absoluto, sino tan sólo los únicos partícipes de un secreto. Nunca se habían cogido de la mano, ni se habían mirado fijamente a los ojos, y tampoco se habían intercambiado sonrisas cómplices, y por supuesto no se habían besado, aunque tanto él como ella ya se habían imaginado dos o tres veces qué se siente con un beso y cómo se llega a él.

Pero sobre esas fantasías no habían hablado nunca entre ellos. Ni una sola palabra. Lo que unía a Maya y a Mati no era amor, sino un secreto que nadie, excepto ellos, debía conocer bajo ningún concepto.



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