
– Mira, un pez, eso era un pez.
– Pero ¿cómo va a ser un pez? Es imposible que fuera un pez, Maya. ¿Estás realmente segura de que también tú has visto un pez? ¿De verdad? Porque yo, óyeme bien, estoy completamente, pero completamente seguro de que a pesar de que no puede ser de ninguna manera, a pesar de todo, eso era un pez. Un pez, Maya, un pez, un pez vivo, tú y yo hemos visto por un instante un pez aquí, y no simplemente lo hemos visto, sino que hemos visto muy bien que por supuesto era un pez.
– Un pez y no una hoja, un pez y no un trozo de metal, un pez, te lo digo yo, Mati, un pez de todas todas, un pez sin ninguna duda, un pez, yo lo he visto.
– Y también yo lo he visto, era un pez, un pez, solamente un pez y nada más que un pez.
Era un pez pequeño, un pececillo, como de medio dedo de largo, y tenía escamas de plata, delicadas aletas de encaje y branquias transparentes y temblorosas. Un ojo de pez redondo y abierto de par en par los miró a los dos un momento como si estuviese insinuando a Maya y a Mati que todos nosotros, todos los seres vivos de este planeta, personas y animales, aves, reptiles y peces, somos en realidad muy parecidos, a pesar de las muchas diferencias que hay entre nosotros: casi todos tenemos ojos para ver formas, movimientos y colores, y casi todos oímos sonidos y ecos, o al menos sentimos los cambios de luz y oscuridad a través de nuestra piel. Y todos percibimos y clasificamos sin cesar olores, sabores y sensaciones.
Y no sólo eso: todos nosotros sin excepción nos asustamos en algún momento, e incluso nos embarga el pánico, y a veces todos estamos cansados, o hambrientos, y hay cosas que a todos y cada uno de nosotros nos atraen y cosas que nos repelen y nos provocan inquietud y repugnancia. Además, todos nosotros sin excepción somos muy vulnerables. Y todos, personas, reptiles, insectos y peces, dormimos, nos despertamos y volvemos a dormirnos y a despertarnos, todos nos esforzamos por estar a gusto, ni con mucho calor ni con mucho frío, todos sin excepción intentamos casi siempre cuidarnos y protegernos de todo aquello que corta, muerde o pica.
