El asunto es el siguiente. Una vez ocurrieron aquí todo tipo de cosas de las que no podemos sentirnos orgullosos. Pero no todos somos culpables. Lo cierto es que no todos somos culpables en la misma medida. Además, ¿quién eres tú para juzgarnos? Aún eres pequeño. No debes juzgarnos. No tienes ningún derecho a juzgar a los adultos. Y además, ¿quién te ha contado que aquí hubo alguna vez animales? Tal vez los hubo. Y tal vez no los hubo nunca. Ha pasado mucho tiempo. Lo hemos olvidado, Mati. Lo hemos olvidado y punto. Déjalo ya. ¿A quién le quedan fuerzas para recordar? Ahora baja al sótano, trae unas pocas patatas y deja ya de hablar sin parar.

Y cuando Mati se levantó y se dispuso a abandonar la habitación, su padre añadió:

– Escucha una cosa, nunca hemos tenido esta conversación. Jamás hemos hablado de esto. ¿De acuerdo?

Casi todos los demás padres preferían negarlo. O evitar ese tema en silencio. No hablar nunca de ello. Sobre todo no hacerlo en presencia de los niños.

4

Silencioso y triste vivía el pueblo su sencilla vida: cada día los hombres y las mujeres iban a trabajar al campo, a los viñedos y a las plantaciones de frutales, y al atardecer volvían cansados a sus pequeñas casas. Los niños del pueblo iban cada mañana a estudiar al colegio. Por la tarde jugaban en los patios vacíos, deambulaban por los establos abandonados y los gallineros desolados, trepaban a los palomares desiertos o a las ramas de los árboles en las que no anidaba ningún pájaro.

Cada día, al atardecer, si no llovía, Solina la modista sacaba a su marido inválido a dar un paseo por las callejuelas del pueblo. Guinom, el inválido, había encogido tanto con los años que Solina podía acostar a su marido sin ninguna dificultad en un viejo carrito de niño y llevarlo hasta la ribera del río.

Durante todo el camino, a la ida y a la vuelta, Guinom emitía entre sus pañales un ligero balido lloroso, porque la enfermedad del olvido le hacía creer que era una cabra. Solina se inclinaba sobre él y le cantaba con su voz turbia y cálida: «Duérmete niño, duérmete ya, duérmete niño, duérmete ya».



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