Comprador: I. E. Maliánova. ¡Bonito saludo! Miró de nuevo el total. ¡Aturdidor! Volvió el recibo del revés. Nada interesante del otro lado. Un mosquito aplastado. ¿Qué le pasaba a Irina? ¿Se había vuelto loca de remate? Una deuda de quinientos rublos. Un momento, ¿quizás dijo algo acerca de eso, antes de irse? Trató de recordar ese día, las maletas abiertas, los montículos de ropa desparramados por toda la casa, Irina semivestida y blandiendo su plancha. No te olvides de alimentar a Kaliam, tráele un poco de hierba, de la puntiaguda; no te olvides del alquiler; si llama mi jefe, dale mi dirección.

En apariencia, eso era todo. Había dicho algo más, pero en ese momento Bóbchik entró corriendo con su ametralladora. ¡Ah, sí! Llevar las sábanas al lavadero. ¡No entiendo absolutamente nada!

Maliánov extrajo de la caja, con cuidado, una botella. Coñac. ¡Por lo menos quince rublos! ¿Era mi cumpleaños, o algo? ¿Cuándo se fue Irina? Jueves, miércoles, martes. Fue doblando los dedos. Hoy hacían diez días que se había ido. Eso significa que hizo el pedido de antemano. Volvió a pedir prestado dinero a alguien, e hizo la compra. Una sorpresa. ¡Quinientos rublos de deuda, te das cuenta, y quiere darme una sorpresa! Por lo menos algo quedaba solucionado: no tendría que ir a la tienda. El resto era brumoso, por lo que a él se refería. ¿Cumpleaños? No.

¿Aniversario de bodas? No lo creo. No, decididamente no. ¿Cumpleaños de Bóbchik? No, eso es en invierno.

Contó las botellas. Diez. ¿Quién creía ella que se lo bebería todo? ¡Yo no podría beberme eso ni en un año! Viecherovsky casi no bebe, tampoco, y ella no puede soportar a Val Weingarten.

Kaliam se puso a maullar espantosamente. Intuyó que había algo en la caja.


EXTRACTO 2…un poco de salmón en su propio jugo, y un trozo de jamón con una costra de pan rancio. Luego encaró los platos sucios. Resultaba muy claro que una cocina sucia era particularmente ofensiva, con semejantes lujos en la refrigeradora.



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