
El rostro de Damaris se ensombreció un poco al mirar a Hester.
– Supongo que Edith te ha hablado de nuestra tragedia, la muerte de Thaddeus, y que ahora dicen que fue un asesinato -añadió con el entrecejo fruncido-, aunque no alcanzo a imaginar por qué alguien quería matar a Thaddeus.-Se volvió hacia Edith-. ¿A ti se te ocurre algún motivo? A veces era aburrido, pero es algo normal en los hombres, que siempre conceden importancia a cosas insignificantes. ¡Oh, lo siento, me refiero a muchos hombres, no a todos! -De repente se percató de que tal vez había ofendido a su invitada y mostró un arrepentimiento sincero.
– Tienes razón. -Hester sonrió-. Estoy de acuerdo contigo, me atrevería a decir que ellos piensan lo mismo de nosotras.
Damaris hizo una mueca.
– Touché. ¿Te lo ha contado Edith?
– ¿Lo de la cena? No, me ha dicho que sería mejor que lo hicieras tú, ya que estabas presente. -Esperaba que sus palabras transmitieran un interés auténtico y no parecieran excesivamente inquisidoras.
Damaris cerró los ojos y se arrellanó un poco más en su poco ortodoxo asiento.
– Fue espantoso, un desastre casi desde el comienzo. -Abrió de nuevo los párpados y observó a Hester-. ¿De veras quieres saber qué sucedió?
