De forma inconsciente aceleró el paso cuando llegaron al sendero que conducía a un pequeño puente erigido sobre un estanque y que seguía hasta el Jardín Botánico de la Royal Society. Una niña daba de comer pan a los patos.

– Además, tengo muy poco dinero -continuó Edith-. Oswald no me dejó lo suficiente para vivir de la forma a la que estoy acostumbrada y dependo económicamente de mis padres. Ésa es la única razón que me impulsa a quedarme en Carlyon House.

– Supongo que no estarás pensando en contraer matrimonio de nuevo, ¿verdad?

Edith le dedicó una mirada sarcástica, acompañada de cierta expresión de burla.

– Me parece bastante improbable -aseguró con franqueza-. El mercado matrimonial está lleno de muchachas mucho más jóvenes y hermosas que yo, y con dotes considerables. A mis padres les complace que resida con ellos, que haga compañía a mi madre. Ellos cumplieron con su obligación hacia mí al encontrarme un marido; el hecho de que muriera en la guerra de Crimea ha sido mi desgracia y a ellos no les corresponde buscarme otro, de lo que no los culpo en absoluto. Considero que sería una ardua tarea y, con toda probabilidad, ingrata. No me casaré de nuevo a menos que sienta un gran afecto por alguien.

Estaban en el puente. El agua parecía fría y presentaba una tonalidad verde turbio.

– ¿Te refieres a enamorarte? -insinuó Hester.

Edith se echó a reír.

– ¡Eres una romántica empedernida! Nunca lo hubiera dicho.

Hester pasó por alto el comentario.

– Qué alivio. Por un momento he pensado que ibas a pedirme que te presentara a alguien.

– ¡Ni por asomo! ¡Imagino que si conocieras a alguien que pudieras recomendarme sin dudar un momento, te casarías con él!

– ¿Acaso tú no? -preguntó Hester al instante.

Edith sonrió.



8 из 431