
– ¿Cuidarme? ¿Así llamas tú a desaparecer a los dos segundos del funeral de Hunter? Todos os fuisteis, todos sus amigos. Lo esperaba de los demás, pero no de ti. Hunter me dijo que siempre estarías ahí para mí. Pero no fue así. Te fuiste. Tenía diecisiete años, Jack. Era una persona marginada, sin amigos y tú desapareciste. Claro que eso te resultaba más fácil que afrontar tus responsabilidades.
Él dejó el equipaje en el suelo.
– ¿Por eso estás aquí? ¿Para regañarme?
– Es sólo parte de la diversión.
– ¿Serviría de algo si te pido perdón?
– No.
No, nada cambiaría el hecho de que la había abandonado, como había hecho todo el mundo al que alguna vez había querido.
– Meri, si vamos a pasar un mes aquí, tenemos que encontrar la manera de llevarnos bien.
– ¿Te refieres a ser amigos? -preguntó ella recordando cómo le había dicho que sería su amigo, antes de rechazarla.
– Si quieres.
Ella respiró hondo.
– No, Jack. Nunca seremos amigos. Seremos amantes y nada más.
Capítulo Dos
A la mañana siguiente, Meri se despertó sintiéndose mucho mejor. Después de dejar comida hecha para Jack, volvió a su habitación, donde se dio un buen baño y lloró cuanto quiso. Algunas lágrimas fueron por su hermano, pero la mayoría por ella misma, por lo cretina que había sido y por las pérdidas que había sufrido.
Después de que Hunter muriera, su padre había perdido la cabeza. No la había ayudado en nada. En menos de un año, había empezado a salir con muchachas de diecinueve años y en los nueve años que habían transcurrido, todas sus novias habían sido muy jóvenes.
Se las había arreglado sola y había sobrevivido. Había conseguido la ayuda que había necesitado y había salido adelante ¿No era eso lo que importaba?
Encendió la radio y se puso a mover las caderas al ritmo de la música disco. En la pista de baile era muy torpe, pero lo que le faltaba en gracia y estilo lo suplía con entusiasmo.
