Después de cepillarse el pelo, se hizo una trenza, se puso una camiseta de tirantes y otro par de pantalones cortos. Por último unos calcetines y unas zapatillas de correr completaron su atuendo.

Canturreando, salió de la habitación, lista para llevar a cabo la siguiente fase de su plan de ataque.

Encontró a Jack en la cocina y se acercó a él sonriendo.

– Buenos días -dijo rodeándolo para tomar la cafetera-. ¿Cómo has dormido?

– Bien -dijo y sus ojos oscuros brillaron, a pesar de que su expresión no varió.

– Estupendo. Yo también.

Meri se sirvió una taza de café, dio un sorbo y lo miró por encima de la taza.

– Así que todo un mes… -dijo ella-. Eso es mucho tiempo. ¿Qué haremos mientras?

– No lo que tienes planeado.

– Recuerdo que eso ya lo habías dicho antes -dijo sonriendo-. ¿Siempre te repites tanto? Te recuerdo mucho más reposado. Claro que por aquel entonces yo era joven y uno suele mirar a sus mayores con cierto idealismo.

– ¿Mayores? -repitió él a punto de atragantarse con el café.

– El tiempo ha pasado, Jack. ¿Qué tienes, casi cuarenta años?

– Tengo treinta y dos y lo sabes.

– Ah, cierto. El tiempo supone un desafío para ti, ¿verdad?

Disfrutaba provocándolo, pensó, consciente de que estaba siendo malvada. Lo cierto era que Jack estaba muy atractivo. Estaba en forma, era sexy… Era un hombre en su mejor momento. Lo bueno era que acostarse con él no iba a ser ningún sacrificio.

– ¿No vas a darte por vencida en eso de seducirme? -preguntó él.

– En absoluto. Me resulta muy divertido.

– No voy a acostarme contigo.

Ella miró a su alrededor y luego volvió a detener la mirada en él.

– Lo siento, ¿has dicho algo? No te estaba escuchando. Venga, ve a cambiarte. Te llevaré a un gimnasio que hay cerca de aquí. Puedes matricularte por un mes. Haremos ejercicio juntos.



12 из 107