La miró de arriba abajo y frunció el ceño. ¿No llevaba unos pantalones demasiado cortos? No es que no le agradara ver aquellas piernas, pero ella era Meredith, la hermana pequeña de Hunter. Además, el top que llevaba era demasiado… revelador.

– Voy a quedarme aquí también.

Su voz era cálida y sensual. Si hubiera sido otra mujer, le habría agradado.

– ¿Por qué?

– Soy el ama de llaves, la que te prometieron. Estoy aquí para hacer tu vida más fácil.

Aquella declaración parecía esconder un desafío.

– No necesito un ama de llaves.

– No tienes opción. Estoy incluida en la casa.

– Eso es ridículo.

Sabía que trabajaba para un gabinete de expertos en Washington D.C. y que actualmente estaba trabajando en un proyecto de JPL y otras compañías privadas para el desarrollo de un combustible sólido para cohetes.

– Eso es lo que Hunter quería. Ambos estamos aquí por él -dijo sonriendo.

Él frunció el ceño. No se creía aquella historia. ¿Por qué iba a querer Hunter que su hermana estuviera en la casa un mes? Claro que había pedido a todos sus amigos que pasaran ese tiempo allí, así que era posible. Además, probablemente Meri no querría estar en la misma casa con él, sobre todo después de lo que había pasado en su diecisiete cumpleaños.

La había herido. No había sido su intención, pero así había sido y en aquel momento no había sabido encontrar la forma de arreglar las cosas. Luego, Hunter había muerto y todo había cambiado.

Quizá estuviera dando demasiada importancia a aquello. Quizá a Meri le diera igual lo que había pasado entre ellos.

– Entremos -dijo ella, mostrándole el camino.

Recorrieron un amplio vestíbulo de suelos de piedra y una gran escalera. El lugar era acogedor y masculino. No era el tipo de casa que él se construiría, pero al menos no se volvería loco con adornos de flores secas y olorosas.



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