
Los policías uniformados, con trajes o con ropa más informal, parecían meras sombras a su lado, ni tan brillantes ni tan vivos como mis dos hombres, pero quizás todos los enamorados pensaban lo mismo. Quizás no se debía a que fueran inmortales guerreros sidhe, sino que simplemente el amor les hacía destacables a mis ojos.
Lucy me había hecho pasar a través del cordón policial porque yo ya había trabajado antes con la policía, y además realmente yo era un detective privado con licencia en este estado. Doyle y Frost no lo eran, y nunca habían trabajado con la policía en un caso, por lo que tenían que quedarse detrás de la barrera y lejos de cualquier presunta pista.
– Si descubro cualquier cosa que a ciencia cierta parezca tener relación con esta clase de magia, te lo haré saber. -No fue una mentira, no en la forma en la que lo dije. Las hadas, y especialmente los sidhe, somos conocidos porque nunca mentimos, pero te engañaremos hasta que pienses que el cielo es verde y la hierba es azul. No te diremos que el cielo sea verde y la hierba azul, pero conseguiremos que ésa sea tu impresión.
– Crees que tiene que haber habido otro asesinato anterior -dijo.
– Si no, este tío, o tía, ha tenido mucha suerte.
Lucy señaló los cuerpos.
– No estoy segura de llamar a esto suerte.
– Ningún asesino es tan bueno la primera vez, o ¿te encontraste con un nuevo tipo de asesino mientras yo estaba lejos en las Cortes Feéricas?
– No. La mayoría de los asesinatos fueron bastante normalitos. El nivel de violencia y las víctimas difieren, pero tienes entre un 80 o 90% de probabilidades de que el asesino sea alguien cercano o querido por la víctima y no un desconocido, y la mayoría de las muertes son deprimentemente comunes.
– Éste es deprimente -dije-, pero no común.
– No, no es para nada común. Espero que esta clase de perfecta puesta en escena que hemos conseguido, nos muestre el modus operandi del asesino.
