– ¿Qué es lo que piensas, Merry?

– Me pregunto qué emoción llevó al asesino a hacer esto, a querer hacer esto.

– ¿Qué quieres decir?

– Se necesita algo así como el amor para poner tanta atención en los detalles ¿Amaba el asesino este libro o amaba a los pequeños semiduendes? ¿Odiaba este libro cuando era un niño? ¿Puede ser la pista de algún trauma horrible que le hizo perpetrar este crimen?

– No me hagas su perfil criminal, Merry; tenemos a gente pagada para hacer eso.

– Sólo estoy haciendo lo que me enseñaste, Lucy. El asesinato es como cualquier habilidad; no existe el escenario perfecto. Y éste es perfecto.

– El asesino probablemente pasó años fantaseando sobre esta escena, Merry. Quería, necesitaba que fuera perfecto.

– Pero nunca lo es. Eso es lo que dicen los asesinos en serie cuando les interroga la policía. Algunos de ellos cometen esos homicidios una y otra vez para clavar su fantasía, pero nunca lo consiguen, por lo que siguen matando para intentar conseguir su fantasía perfecta.

Lucy me sonrió.

– Sabes, esa es una de las cosas que siempre me han gustado de ti.

– ¿El qué? -pregunté.

– No confías sólo en la magia; intentas realmente ser un buen detective.

– ¿Y no es eso lo que se supone que tengo que hacer? -pregunté.

– Sí, pero te sorprendería saber cuántos médiums y magos son magníficos utilizando su magia, y unos chapuzas haciendo de detectives.

– No, no me sorprendería, pero recuerda, que yo no tenía tanta magia hace unos meses.

– Es verdad, tus poderes han despertado más tarde. -Y me sonrió otra vez. Antes hubiera pensado que era extraño que la policía pudiera sonreír junto a un cadáver, pero había aprendido que o te sobrepones o te sacan de homicidios, o todavía mejor, te echan de la policía.



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