
– Ya lo he comprobado, Merry. No hay más homicidios que se parezcan a éste. No hay más muertes de semiduendes en grupo. Sin trajes. Sin que se parezcan a los dibujos de un libro. Éste es el primero de esta clase.
– Quizás sea así, pero tú me enseñaste que los asesinos no comienzan tan bien. Tal vez ellos sólo lo planearon perfectamente y tuvieron la suerte de que les saliera perfecto, o tal vez ellos han cometido otras masacres que no han sido tan perfectas, tan planificadas, pero serían como una puesta en escena, o darían esa sensación.
– ¿Qué tipo de sensación? -me preguntó.
– Pensaste en la película no sólo porque te daría más pistas, sino porque hay algo dramático en todo esto. El escenario, la elección de víctimas, la puesta en escena, el libro ilustrado; todo llama la atención.
Ella asintió.
– Exactamente -dijo.
El viento jugó con mi vestido morado hasta que tuve que sujetarlo para evitar que topara contra el cordón policial que estaba detrás de nosotros.
– Siento haber tenido que llamarte para algo así en sábado, Merry – me dijo. -De verdad que traté de contactar con Jeremy.
– Él tiene una nueva novia y ha apagado el móvil. -No envidiaba a mi jefe, la primera relación casi seria que había tenido desde hacía años. De verdad que no.
– Parece que tenías planeado un picnic.
– Algo así -le dije- pero este tampoco es un buen sábado para ti.
Ella sonrió tristemente.
– No tenía ningún plan. -Luego señaló con el pulgar en dirección donde estaba la policía. -Tus novios están cabreados conmigo por hacerte examinar cadáveres mientras estás embarazada.
Mis manos, automáticamente, fueron a mi estómago, que todavía estaba plano. No se me notaba nada, aunque con gemelos el médico me había advertido que esto podría cambiar de la mañana a la noche.
Eché un vistazo hacia atrás para mirar a Doyle y a Frost, que estaban junto a los policías. Mis dos hombres no eran más altos que algunos de los policías -medir algo más de metro noventa de estatura no era tan extraño-, pero era lo demás lo que destacaba dolorosamente.
