
Y Justin estaba a punto de hacer lo mismo también… hasta que Winona le llamó de nuevo la atención. Seguía bailando en la pista, pero esa vez con un extraño.
No era un lejano, sino uno de los invitados de Asterland, que Justin no conocía. Observó la manaza del tipo deslizándose por la espalda de Winona hasta el comienzo del trasero.
Ella sonrió al tipo. Y al momento siguiente, se volvió ligeramente y le retiró la mano de donde la tenía colocada.
Justin se movió con inquietud. No eran celos, Dios sabía que conocía todos los estadios de esa emoción en particular. Pero estaba claro que Winona se las estaba arreglando con el tipo; por muy protector que Justin se sintiera hacia ella, lo cierto era que jamás había visto a un hombre al que Winona no supiera manejar.
En realidad, era por esa misma razón por la que tan a menudo la engatusaban para que asistiera a aquel tipo de fiestas. La policía siempre estaba cerca por razones de seguridad, pero no era lo mismo. Lo pocos crímenes importantes que acontecían en Royal tendían a ser robos. De vez en cuando se cometían crímenes pasionales, alguna que otra pelea en el Restaurante Royal, disputas domésticas y ese tipo de cosas. Pero básicamente aquella no era una comunidad con un elevado índice de criminalidad. Aquella era tierra de petróleo. Los que alcanzaban el éxito, lo hacían a lo grande. Y los que no lo hacían, cobraban buenos sueldos, sencillamente porque había suficiente para todos. Los colegios eran de primera categoría, y en toda la zona los servicios eran muy completos. El único «riesgo» de una ciudad pequeña y rica como Royal era que servía de imán para los ladrones.
Razón por la cual Winona era irremplazable en aquellas fiestas. Siempre se presentaba con el mismo provocativo vestido negro, y los mismos sensuales zapatos de tacón alto. Y no enseñaba nada, jamás, pero no había nacido el hombre que se resistiera a acercarse a charlar con ella. Encima de eso, tenía un pronunciado sexto sentido; una intuición especial cuando algo o alguien no era normal.
