
– Cuánto me alegro de que saques ese tema. Nunca he tenido la oportunidad de decirte lo mucho que me ha gustado siempre jugar a los médicos contigo -dijo con fervor.
Winona tuvo que ahogar la risa. Lo cierto era que siempre le había costado ocultar su sentido del humor, pero en esa ocasión se puso seria enseguida.
– Corta el rollo, tú. Y esta vez lo digo en serio. Ya sabes que no estaría en esta fiesta si no estuviera trabajando. Y solo porque no lleve el uniforme de policía no quiere decir que esté aquí para jugar. Estoy aquí por trabajo, lo cual significa que o bien pones la mano donde debes o bien tendré que darte un golpe; y no estoy bromeando, Justin.
Él se dio cuenta. Además, no solo la creía, sino que jamás habría hecho nada para avergonzarla en público. Y no solo porque respetara a Winona y su trabajo, sino porque si alguna vez tenía la oportunidad de intentar ganarse a Win, no quería que hubiera nadie alrededor.
Sin embargo, en ese momento no fue capaz de retirarle la mano del trasero. Mientras disfrutaba momentáneamente de la turgencia de sus posaderas, que inmediatamente provocaron en él una reacción rápida y urgente, Justin arrugó el entrecejo.
– ¿Qué diablos llevas debajo del vestido?
Jamás le habría hecho la pregunta si hubiera notado que llevado algo. El vestido era de una seda muy fina, de modo que instintivamente Justin había esperado notar el borde de las braguitas. Pero al no hacerlo empezó a alarmarse. No había demasiadas razones por las que una mujer decidiera no ponerse ropa interior para asistir a un evento muy público y muy elegante, como lo era aquel; sobre todo Winona, que normalmente no era amiga de enseñar nada. Justin pensó que la única razón posible era que tuviera un amante.
Un amante.
Un hombre… Un hombre que no era él.
– ¿Justin, qué diantres ocurre con…? -Justin notó que cerraba el puño, lista para darle un golpe-. Quítame la mano del… -resopló indignada-. Se notaban los bordes -le susurró enfadada-. No me pude poner nada debajo. Claro que, no tengo porque darte ninguna explicación, y tienes cinco segundos para quitarme la mano antes de que…
