
Justin quitó la mano en ese mismo momento y respiró aliviado. Había pasado unos segundos infernales, sin poder respirar, hasta que ella le había explicado por qué no se había puesto braguitas. Mientras tanto, posiblemente porque ella no se estaba dando cuenta de que tenía la intención de comportarse mejor, Win seguía apuntándole el plexo solar con el puño. Eso es, hasta que apareció en escena un tipo de cabello negro, le guiñó un ojo a Win y con delicadeza le alzó el puño cerrado hasta su hombro derecho.
– Voy a interrumpir -dijo Aaron Black-, antes de que lleguéis a las manos. Además, bailo mucho mejor de lo que él lo hará nunca, Winona. Y soy mucho más guapo.
– Vaya, maldita sea -gruñó Justin, pero dejó que Aaron se llevara a Winona a dar vueltas por la pista.
Para empezar, la orquesta había empezado a interpretar una de esas alegres y animadas piezas de blue grass, de modo que cualquier oportunidad de bailar arrimados se desvanecía. Y en segundo lugar, Aaron no solo era miembro como él del Club de Ganaderos de Texas, sino que también era un amigo en el que Justin confiaba plenamente. Y además, había otra razón, maldito Aaron; porque desde luego era una persona de lo más diplomática, tanto en su vida profesional como en su vida privada, y cuando le hizo una señal con el pulgar para que se fuera hacia el bar, Justin entendió la discreta indicación de que, posiblemente, sería conveniente dejar un par de minutos en paz a Winona.
Se dirigió hacia el bar, sí… pero el ver a Winona dando vueltas entre los brazos de Aaron sintió una tristeza que ni una borrachera de whisky podría curar.
Ella siempre lo había tratado como a un amigo, como a un vecino, como a un querido aunque insufrible hermano mayor. Pero nunca como a un hombre.
