
Seguramente le habría pedido que se casara con él unas cincuenta veces; y cada vez ella se había echado a reír a carcajadas, como si la idea de casarse con él fuera el mejor chiste que le hubieran contado.
Lo entendía, lo entendía. Daba igual que la mitad de las mujeres de la ciudad lo persiguieran. Winona no podía imaginárselo de amante. Justin llevaba ya unos cuantos años pensando que si al menos ella lo necesitara; si tuviera oportunidad de mostrarle un lado distinto de sí mismo; si algo pudiera hacer que lo viera de otro modo, tal vez, solo tal vez, tuviera alguna posibilidad con ella.
– Hola, Doctor Webb -Riley Monroe, el conserje del Club, le sonrió-. Desde luego os habéis superado a vosotros mismos con la fiesta de esta noche. ¿Qué, quieres tomar?
– Whisky solo, por favor. Ah y, gracias, Riley.
Riley era una persona de confianza y tremendamente leal. Dos buenas cualidades en un hombre, y normalmente Justin habría charlado unos minutos con él. Sin embargo, esa noche Justin no estaba para charlas. Dio un trago lo bastante grande como para sentir el whisky quemándole las amígdalas y se apoyó de espaldas contra la barra.
La localizó. Seguía bailando con Aaron y… maldición, parecía que se lo estaba pasando en grande.
Miró a su alrededor, empeñado en dejar de pensar en Winona de una vez. La fiesta estaba en pleno apogeo, y aunque el buen gusto debía ser una prioridad con tantos regios invitados, también lo era el divertirse al estilo tejano. Los langostinos y la barbacoa compartían mesa con las frágiles rosas de invernadero y las elegantes esculturas de hielo. La formal orquesta iba vestida de etiqueta, pero naturalmente tenía una buena sección de violines.
Justin dio otro trago de whisky, intentando ignorar a una morena de cabello corto que volvió a pasar bailando junto a él. En lugar de a la morena le guiñó un ojo a una rubia. La Princesa Anna von Oberland de Obersbourg; al menos ese había sido su título hasta que se había casado con Greg, que estaba bien pegado a ella dando vueltas en la pista de baile, ajeno al alegre ritmo de la pieza que la banda estaba interpretando en ese momento.
