Y eso en sí no tenía nada de malo, pero el torbellino de pensamientos que le daba vueltas a la cabeza comenzó a adentrarse por caminos más oscuros. Había vuelto de Bosnia para cambiar repentinamente de especialidad médica. Nadie le había preguntado por qué había cambiado a la cirugía plástica; nadie se había dado cuenta de que había ciertos casos que ya no tocaba. Y hasta ese momento no había importado, porque ninguna de las actividades privadas con el Club lo había obligado a enfrentarse a situaciones que le resultaran imposibles de acometer. Pero eso podría pasar, Justin lo sabía, y tenía miedo de dejar a sus compañeros del Club en la estacada.

De repente, la orquesta empezó a interpretar una suave melodía. Rápidamente, Justin alzó la cabeza. ¿Dónde estaría Winona? Una pelirroja le guiñó un ojo al pasar, y al momento la elegante rubia lo saludó moviendo los dedos mientras seguía agarrada a su pareja de baile. Siempre recibía mucha atención por parte de las mujeres en aquellas fiestas, y resultaba muy agradable, pero la razón principal por la que las mujeres solteras de la ciudad iban detrás de él era por su riqueza y su fama de miembro de la jet set.

La riqueza era real; sus abuelos le habían dejado una fortuna, además de lo que ganaba como cirujano plástico. Pero según contaban las columnas de sociedad, él solo se dedicaba a hacer liposucciones y arreglar narices, cuando no se largaba impulsivamente para pasar unas vacaciones lujosas y exóticas.

A Justin no solo no le importaba esa estúpida imagen, sino que la alimentaba. De ese modo, como la gente le creía veleidoso e imprevisible, hacía que sus proyectos y misiones con el Club de Ganaderos de Texas fueran más fáciles de llevar a cabo con discreción. Sin embargo, en esa situación en particular, lo medios de comunicación habían sido inducidos a creer que un grupo de buenos y solidarios tejanos se habían visto implicados «accidentalmente» en el dilema de la Princesa Anna.



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