Ah… Allí estaba. Entrecerró los ojos y se fijó en su encantadora sonrisa. ¿A quién diantres le estaría sonriendo? No seguía bailando con Aaron Black. El nuevo tenía el cabello más claro y los hombros más anchos, pero no era tan alto… Justin se relajó de repente. Era Matt. Solo estaba bailando con Matt Walker, y aunque se sabía que el granjero hacía que más de una se volvieran para mirarlo, también era un miembro del Club. Un amigo.

Aun así, ello no significaba que a Justin tuviera que gústale su manera de agarrarla, ni de sonreírle, ya puestos. Había un límite a la lealtad y a la amistad. Y ese límite era Winona Raye.

Ay, se estaba volviendo loco. Era culpa de ella. Siempre le había causado ese efecto, y cada año iba a peor. Estaba empezando a comportarse como un pobre enamorado.

– ¿Eh, doctor Webb, le pongo otro?

Justin volvió la cabeza.

– Claro, Riley. Me vendrá bien.

Sonrió a Riley y al extraño que tenía al lado.

El hombre de corta estatura le tendió la mano.

– Me parece que nos conocimos en otra ocasión, Doctor Webb. Me llamo Klimt. Robert Klimt.

– Oh, sí, claro. Lo recuerdo.

En realidad, Justin no tenía idea de quién era aquel hombre, pero siguió estrujándose el cerebro para intentar situarlo en su memoria. Klimt, Klimt… Estaba casi seguro de que alguien le había dicho que Robert Klimt era un miembro de la Cámara baja del Parlamento de Asterland.

– Estaba preguntándole al señor Monroe por el cartel que hay en el vestíbulo de entrada -Klimt señaló el logotipo que rezaba Liderazgo, Justicia y Paz-. He oído decir que ese eslogan viene de un suceso histórico de la ciudad. Tengo entendido que hay una romántica leyenda acerca de Royal en la que también hay algo relacionado con unas joyas, ¿no esa así?



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