Steve se limitó a menear la cabeza mientras su esposa se acercó a charlar con quien les saco la foto. Carolee era así.

Ella podía -y lo hacía- hablar con cualquiera, en cualquier lugar y de cualquier cosa.

Cuando volvió, le ofreció una sonrisa de suficiencia a Steve. -Él es de Maryland, pero…, -añadió con un movimiento rápido de sus dedos, -ha vivido en Nueva York durante casi diez años. Va a Staten Island para visitar a su hija. Ella acaba de tener un bebé. Una niña. Su esposa ha estado viviendo con ellos en los últimos días para ayudar, y ella le encontrara en la Terminal. Es su primer nieto.-

– ¿Pudiste averiguar cuánto tiempo ha estado casado, dónde y cómo conoció a su esposa?, ¿que votó en las últimas elecciones?-, Ella rió y le dio otro pequeño empuje a Steve.

– Tengo sed-.

Ella miró a su hijo menor. -Sabes, yo también. ¿Por qué no voy a buscar algunas bebidas para todo el mundo?-. Ella agarró su mano y se deslizo a través de la gente que se apiñaba en la cubierta.

– ¿Estas pasando un buen momento, Pete?-

– Es estupendo, pero realmente quiero ir a ver a los pingüinos-.

– Mañana, a primera hora-.

– ¿Podemos tomar un perro de soja?-

– ¿Dónde los metes? Comiste uno hace una hora. -

– Huelen bien.-

Las vacaciones significaban indulgencia, decidió. -Perros de soja serán entonces-.

– Pero tengo que hacer pis.-

– Está bien.- Como madre veterana, ella había averiguado la ubicación de los baños cuando subieron al ferry. Ahora se desvió para orientarlos hacia las instalaciones más cercanas. Y, por supuesto, ya que Pete lo había mencionado, ahora ella tenía que hacer pis. Señaló hacia el baño de hombres.

– Si sales primero, te quedas parado aquí. ¿Te acuerdas lo que lleva puesto el personal del ferry, los uniformes? Si necesitas ayuda, ve derecho a uno de ellos. -

– Mamá, yo solo voy a hacer pis-.

– Bueno, yo también voy. Me esperas aquí si sales primero-.



3 из 86