– Bueno, primo, haré una insólita demostración de clemencia y me marcharé al cuartel antes de que te gane Pemberley. -Richard estiró los músculos del hombro antes de agarrar la chaqueta del uniforme. Dejó deslizar las guineas en un bolsillo interior y se puso la casaca roja.

Darcy esbozó una sonrisa fingida.

– Eso dices, pero ese día aún no ha llegado ni llegará, primo. -Darcy recogió su propia chaqueta y tomó la delantera para bajar las escaleras, con Richard detrás-. Entonces, ¿vendrás durante la semana de Navidad? -preguntó.

– Cuenta con ello -contestó su primo, mientras bajaban las escaleras-. Me dejaste inquieto con esas noticias sobre Georgiana, y aunque no es mi responsabilidad velar por ella, de todas formas me preocupa. Además, hace mucho tiempo que no pasamos la Navidad juntos. Mi madre estará feliz de tenerme en casa y pasar otra vez las fiestas en Pemberley. -Cuando llegaron al vestíbulo, Richard se volvió hacia su anfitrión con expresión seria-. Ella ha estado preocupada por ti, Fitz, por vosotros dos, en realidad. Estoy seguro de que esta invitación le dará mucha tranquilidad.

– Aprecio la preocupación de mi tía -le aseguró Darcy a su primo-, y confieso que he sido negligente en mi correspondencia con ella últimamente. Pero pondré remedio a eso. ¡Voy a escribirle esta misma noche!

– Entonces te dejaré para que lo hagas. Hazme un favor y dile que me has visto hoy y que hemos comido juntos, etcétera, etcétera. -De pronto se le ocurrió una idea-. Y no olvides mencionar que estuve en la iglesia, ¡sé buen amigo! Le alegrará tener noticias tuyas, claro, pero se pondrá todavía más contenta al saber que su hijo, la oveja negra, pasó un domingo tranquilo. Yo mismo le escribiría, pero ella te creerá a ti.

Witcher abrió la puerta cuando Darcy le hizo una señal y los primos se estrecharon la mano de una manera afectuosa y familiar.

– Escribiré todo eso, Richard -prometió Darcy solemnemente, pero luego se rió-. Aunque, a estas alturas, tratar de lavar tu imagen ante tu madre parece una causa perdida. -Al ver la cara que ponía su primo, Darcy añadió con malicia-: Tal vez si asistir a la iglesia se volviera una costumbre…



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