– «Dormir», pero no «soñar», por favor, Dios mío -murmuró.

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La mano de la providencia

Darcy se recostó contra los cojines verde oscuro de su carruaje, mientras dejaba atrás el peaje de Hampstead, desapareciendo de su vista entre la penumbra de la madrugada. Se desabrochó el abrigo sólo lo suficiente para poder meter la mano en el bolsillo del chaleco y sacar el reloj, que sostuvo a la luz del incipiente día. Eran las siete y cuarto, lo cual significaba que habían tardado menos de una hora en recorrer las calles de la ciudad y cruzar el peaje. Ahora los caballos tenían ante ellos un camino ancho y despejado. El látigo de su cochero resonaba en medio del amanecer, asegurándole a Darcy que James era muy consciente no sólo de las excelentes condiciones de viaje sino de la impaciencia de su amo por llegar a casa. El carruaje avanzaba con rapidez.

¡A casa! Darcy cerró los ojos y se dejó mecer por el balanceo del carruaje. Hasta que la partida no se hizo absolutamente inminente, apenas se había permitido pensar en Pemberley o en el viaje de regreso. Sin embargo, ahora podía pensar en ello, porque todos los obstáculos que se interponían en el camino por fin habían desaparecido el día anterior como por arte de magia.

Hinchcliffe le había presentado el último asunto de negocios hacia las once, dándole la oportunidad de tomar un almuerzo ligero y relajarse con un tonificante paseo por el parque antes de su cita con Lawrence. Aquella entrevista había salido sorprendentemente bien, y cuando Darcy salió de Cavendish Square en dirección a su club, tenía un contrato con el famoso artista para que hiciera los primeros bocetos del retrato de Georgiana una semana después de su vuelta a la ciudad. En la calle, una multitud de carruajes y lacayos alrededor de las puertas del club le había advertido a Darcy de que Boodle's debía estar lleno y casi da media vuelta al pensar en lo desagradable que sería llamar más la atención. Pero mientras se paseaba por los salones y las mesas de juego del club, todas las conversaciones parecían girar alrededor de un joven noble recién llegado del continente, cuyo discurso inaugural ante el Parlamento había enfurecido a la mayoría tory.



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