
– ¡Georgiana! -La risa burlona de Richard se convirtió en un gesto de consternación-. Entonces, ¿no ha habido ningún cambio?
– ¡Al contrario! -Darcy fue directo al meollo del asunto-. Ha habido un cambio muy notorio y, aunque me alegro mucho de ello y estoy agradecido al cielo, no logro entenderlo totalmente.
Su primo se enderezó.
– ¿Un cambio notorio, dices? ¿En qué sentido?
– Georgiana ha dejado atrás su melancolía y nos ruega que la perdonemos por causarnos tanta preocupación. Me dice que debo, sí, debo -repitió Darcy al ver la mirada de incredulidad de Richard- olvidar todo el asunto, y que ella ya no lo recuerda sino como una lección aprendida. -Su primo soltó una exclamación-. ¡Y eso no es todo! Me cuenta que ha empezado a visitar a nuestros arrendatarios, como hacía mi madre.
– ¿Será posible? -Richard negó con la cabeza-. La última vez que estuvimos juntos no podía mirarme ni alzar la voz más allá de un murmullo.
– ¡Todavía hay más, Richard! Su última carta era muy afectuosa, y aunque no lo creas, me ofrecía consejo a mí sobre un asunto acerca del cual le había escrito. -Darcy se dirigió a su escritorio, mientras su primo reflexionaba en medio de un silencio cargado de asombro. Abrió un cajón, sacó una hoja y se la entregó-. Y luego, cuando regresé a Londres, Hinchcliffe me mostró esto.
– «La Sociedad para devolver jovencitas del campo a sus familias… cien libras al año» -leyó Richard-. Fitz, ¿me estás gastando una broma? Porque se trata de una broma de pésimo gusto.
– No estoy bromeando, te lo aseguro. -Darcy tomó otra vez la carta y miró a su primo a los ojos-. ¿Qué te parece todo esto, Richard?
Este buscó su vaso de oporto y se bebió el resto del contenido de un solo trago.
– No lo sé. ¡Parece increíble! -Miró a Darcy-. Dices que su carta era «muy afectuosa». Entonces, ¿parecía contenta?
– ¿Contenta? -Darcy reflexionó sobre la palabra y luego negó con la cabeza-. No, yo no diría eso. ¿Conforme? ¿Madura? -Miró a su primo sin encontrar la palabra exacta-. En todo caso, me reuniré con ella en Pemberley dentro de pocos días y pretendo mantenerla a mi lado. -Hizo una pausa-. Voy a traerla conmigo a la ciudad en enero.
