
– Somos la Sociedad Literaria de Damas Londinenses, un título que implica que leemos y discutimos las obras de Shakespeare, aunque en realidad leemos lo que queremos; con eso debería bastar. Ya que El moderno Prometeo -o Frankenstein, si lo preferís- es, a pesar de los escándalos que lo rodean, considerado una obra literaria, nadie puede acusarnos de mentir. -Curvó los labios hacia arriba-. Esos escándalos son precisamente la razón por la que lo escogí como primer libro a debatir.
– Tengo que admitir que esto es lo más divertido que he hecho en mucho tiempo -dijo Carolyn con un entusiasmo que contrastaba con su calmada manera de ser.
La actitud de su hermana hizo que Sarah albergara esperanzas de que Carolyn estuviera cerca de abandonar la concha de reserva tras la que se ocultaba. Esa pequeña rebeldía de leer un libro escandaloso escrito por una mujer que se había relacionado con un hombre casado y tenido un par de niños con él antes de casarse, indicaba que Julianne había dado los primeros pasos para escapar del agobiante control de su madre, y resultaba justo lo que necesitaba Emily para olvidar los problemas financieros de su familia.
– Es una aventura divertida -dijo Sarah mostrando su aprobación-. Creo que todas estaremos de acuerdo en que Mary Shelley posee una imaginación vivida y formidable.
– Puedo entender por qué al principio se creyó que el libro estaba escrito por un hombre -añadió Emily-. ¿Quién podría sospechar que una mujer pudiera concebir semejante historia?
– Ésa es sólo una de las muchas injusticias de la sociedad actual -dijo Sarah, refiriéndose a un tema que la afectaba profundamente-. Las mujeres están infravaloradas. A mi parecer ése es un grave error.
– Puede que sea un error -añadió Carolyn-, pero así es como son las cosas.
Emily asintió con la cabeza.
