
– No precisamente, pero sé dónde está.
– ¿Dónde?
– La devolví al aeropuerto.
Él frunció el ceño y consultó su reloj. Pero en aquel momento un hombre corpulento de cara rojiza descargó una gran mano sobre el hombro de Sam Brown y lo obligó a girarse.
– Sam, si queremos hablar de esa subcontrata será mejor que empecemos cuanto antes. -Consultó su propio reloj-. Tengo a lo sumo una hora y media.
Brown asintió.
– Enseguida estoy con usted, John. Deme un minuto. -Se volvió rápidamente hacia Lisa-. Lamento tener que marcharme. ¿Dónde se aloja? Le llevaré la maleta a más tardar a eso de las seis de la tarde. -Comenzó a caminar en dirección a la puerta.
– Eh, un momento, yo…
– Lo siento, pero tengo un compromiso anterior. ¿En qué hotel se aloja?.
John estaba en la puerta y esperaba impaciente.
– ¡Debo coger un avión! ¡No se atreva a dejarme!
Sam Brown había llegado a la puerta.
– ¿En qué hotel está? -insistió.
– ¡Maldito sea! -murmuró ella, con las manos en la cintura. Casi le dio una patada al suelo a causa de la frustración.
– Estoy en el Cherry Creek Motel, pero no puedo esperar…
– El Cherry Creek Motel -repitió él, y levantó el dedo índice-. Le llevaré la maleta.
Dicho esto, desapareció.
Lisa permaneció durante las tres horas siguientes como un conejo enjaulado en la habitación 110 del Cherry Creek Motel, mientras su irritación aumentaba a medida que pasaban los minutos. A eso de las seis se sentía como una bomba de relojería. Estaba acalorada y sucia. En julio, Denver parecía un infierno, y Lisa deseaba sobre todo un baño que la refrescara. Pero nopodía tomarlo sin su maleta.
El viejo Thorpe mostraría un carácter tan irascible como un caníbal frustrado cuando descubriera que ella no había regresado a Kansas City a pesar de sus órdenes. La consulta de los horarios de vuelo le confirmó que ya había perdido el vuelo de la hora de la cena, y el siguiente no partía hasta las 22:10. No estaba dispuesta a permanecer despierta la mitad de la noche sólo para llegar a la oficina a tiempo y soportar la cólera de Thorpe. Después de todo, lo que había sucedido no era culpa suya. Y Lisa había soportado un día difícil. Y todavía tenía que resolver sus diferencias con el «honorable» Sam Brown.
