
Con un movimiento rápido, Sam Brown abandonó su silla, obligó a Lisa a volverse, y clavó dos gruesos dedos en el centro del pecho de la joven. La presión de los dos dedos la arrojó sobre la cama.
– ¡Amiga, esa es una afirmación muy grave!
– ¡Amigo, lo que usted ha presentado significa un margen muy estrecho! -se burló ella, apoyándose en las manos mientras el hombre se acercaba con la cabeza inclinada y una de sus rodillas presionaba con fuerza la de Lisa. La cara de Brown tenía una expresión siniestra, que era tanto más impresionante a causa de la piel bronceada de su cara. De pronto retrocedió con los brazos en jarras, mientras dirigía una mirada despectiva al cuerpo de Lisa.
– Oh, una de tantas -dijo con aire de conocedor.
Ella saltó de la cama, apoyó una mano sobre el pecho del. hombre, lo obligó a retroceder unos centímetros, y por último lo miró a los ojos.
– Sí, una de esas. ¡Estoy harta de los hombres que creen que una mujer no puede competir en esta inmunda industria de las cloacas y el agua!
– No es eso lo que he querido decir cuando he hecho la observación, de modo que no le atribuya a mis palabras significados que no tienen.
– Oh, ¿de veras? Entonces, ¿por qué hace una distinción? ¿No es porque usted comprobó que la maleta pertenecía a una mujer, y por lo tanto supo que la oferta tenía que haber sido preparada por ella y usted no podía soportar la perspectiva de perder la licitación compitiendo con ella?
Él apuntó un dedo largo y bronceado a la nariz de Lisa, se inclinó doblando el cuerpo en un ángulo peligroso.
– Amiga… -comenzó a decir, pero se interrumpió y comenzó de nuevo-.
