Se le ensombrecieron los ojos y estaba a punto de contestar cuando oyó un suspiro a su espalda. Era Annabelle, envuelta en una nube de seda azul y encajes color crema; el cabello se le derramaba en cascada sobre los hombros. La muchacha miró a Audrey con expresión de angustia. Medía casi veinticinco centímetros menos que su hermana mayor, se la veía extraordinariamente nerviosa y agitaba las manos como si fueran dos pajarillos. Era muy distinta de Audrey, en quien tenía depositada toda su confianza.

– ¿Ya estáis hablando de política de buena mañana?

Su cubrió los ojos con una mano como si le doliera algo y Audrey se echó a reír. Se pasaban el rato hablando de política y disfrutaban discutiendo para desesperación de Annabelle que no sentía el menor interés por el tema y estaba harta de sus peleas.

– Franklin D. Roosevelt ganó anoche la nominación en la convención demócrata de Chicago. Pensé que te gustaría saberlo.

Audrey la quería tener siempre informada, pese a constarle que el asunto la traía sin cuidado.

– ¿Por qué? -preguntó Annabelle, mirándola desconcertada.

– Porque derrotó a Al Smith y a John Garner -contestó Audrey mientras su hermana sacudía la cabeza con gesto de hastío.

– No… Quiero decir, ¿por qué me iba a gustar?

– ¡Porque es importante para el país! -Audrey la miró con los ojos encendidos de cólera. No le permitía a su hermana que fuera tan estúpida, aunque sabía perfectamente que era un caso perdido. A Annabelle sólo le interesaba su cara y su vestuario-. Puede ser el próximo presidente del país, Annie. Tienes que prestar atención a estas cosas.

Hubiera querido ser más amable con ella, pero su voz tenía un tono cortante. Deseaba despertar el interés de su hermana por los asuntos del mundo, pero no había manera de conseguirlo. Ambas eran tan distintas que, a veces, no parecían hermanas. Incluso el abuelo lo decía.

– Harcourt dice que el interés por la política resulta vulgar en una mujer.



12 из 384