
Levantó las manos en señal de rendición. Fox siempre ponía las cosas en su justo contexto.
– Típico -dijo la doctora, que no pensaba dejarle retroceder-, te pasas casi dos años esperando un corazón, por poco no lo cuentas, y ahora te preguntas si deberíamos habértelo dado. ¿Qué te preocupa en realidad, Terry? No tengo tiempo para tonterías.
Él le devolvió la mirada. Fox había desarrollado una habilidad para leer en su interior, una virtud que atesoraban todos los mejores agentes del FBI y policías que McCaleb había conocido. Vaciló un instante y decidió decir lo que tenía en mente.
– Supongo que quiero saber por qué no me dijeron que el corazón que llevo es de una mujer que fue asesinada.
Bonnie Fox quedó desconcertada, el shock de la afirmación del agente se reflejó en su rostro.
– ¿Asesinada? ¿De qué estás hablando?
– Ella fue asesinada.
– ¿Cómo?
– No lo sé exactamente. La pillaron en medio de un atraco en una tienda del valle de San Fernando. Un tiro en la cabeza. Murió y yo me quedé el corazón.
– Se supone que no deberías disponer de ninguna información sobre el donante. ¿Cómo lo sabes?
– Porque su hermana vino a verme el sábado. Me lo contó todo… De algún modo, eso cambia las cosas.
Fox se sentó en la cama y se inclinó hacia él. Su rostro adoptó una expresión severa.
– En primer lugar, no tenía ni idea de la procedencia de tu corazón. Nunca lo sabemos. Los órganos nos -llegan a través de la AOSSO. Lo único que nos dijeron era que había un órgano compatible con un receptor en los primeros puestos de la lista de espera. Ése eras tú. Ya sabes cómo funciona la AOSSO. Viste la película durante el periodo de orientación. Nuestra información es limitada, porque eso mejora el funcionamiento. Te dije exactamente lo que sabíamos. Mujer, veintiséis años, si no recuerdo mal. Perfecto estado de salud, grupo sanguíneo adecuado, donante perfecta. Eso es todo.
