El día de la publicación del reportaje, McCaleb lo tomó como su condecoración oficial de personaje del pasado. Por lo general, la columna se concentraba en historias de políticos corruptos que habían desaparecido de la escena local o de gente cuyos quince minutos de fama habían pasado hacía tiempo. Muy de tanto en tanto se publicaba la historia de una estrella de la televisión acabada que estaba vendiendo pisos o que se había convertido en pintor porque ésa era su verdadera vocación creativa.

Desplegó el recorte y lo leyó de nuevo.


UN NUEVO CORAZÓN Y UN NUEVO COMIENZO

PARA UN ANTIGUO AGENTE DEL FBI

por Keisha Russell

Redactora del Times


No hace mucho, el rostro de Terrell McCaleb era ineludible en los informativos de Los Ángeles y sus palabras siempre encontraban espacio en los diarios locales. No se trataba de una rutina agradable ni para él ni para la ciudad.

Agente del FBI, McCaleb fue el hombre de referencia del buró en la persecución de un puñado de asesinos en serie que sembraron el terror en Los Ángeles y el Oeste en la última década.

Miembro de la unidad de apoyo a la investigación, McCaleb ayudaba a encaminar las pesquisas de la policía local. De gran sentido común con los medios de comunicación y siempre citable, atrajo a menudo los focos, lo cual en ocasiones sacó de sus casillas a la policía y a sus superiores del FBI en Quantico.

Pero han pasado más de dos años sin que emitiera ni la más tímida señal en el radar público. En estos días, McCaleb no lleva placa ni pistola. Afirma que ya ni siquiera posee un traje azul marino del FBI.

Con frecuencia viste unos vaqueros gastados y camisetas rasgadas y se lo puede ver restaurando su pesquero de trece metros de eslora, el Following Sea. McCaleb, que nació en Los Ángeles y se crió en Avalon, en la vecina isla de Catalina, vive actualmente en el barco, en el puerto deportivo de San Pedro, si bien tiene previsto amarrar la embarcación en Avalon.



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