
McCaleb asegura que actualmente, recuperándose de un trasplante de corazón, cazar asesinos en serie y violadores es algo que ni siquiera se le pasa por la cabeza.
A sus 46 años, afirma que entregó su corazón al FBI -sus doctores sostienen que un alto nivel de estrés desencadenó un virus que debilitó de forma casi fatal su corazón-, pero no lo lamenta.
«Pasar por una situación así no sólo te cambia físicamente -aseveró en una entrevista la semana pasada-. Pone las cosas en perspectiva. Los días en el FBI parecen parte de un pasado muy lejano. Ahora puedo empezar de nuevo. No sé con exactitud qué voy a hacer, pero no me preocupa demasiado, ya encontraré algo.»
McCaleb estuvo a punto de no contar con esta nueva oportunidad. Menos de un uno por ciento de la población comparte su grupo sanguíneo y su espera de un corazón compatible duró casi dos años.
«Tuvo que aguardar mucho -dijo la doctora Bonnie Fox, la cirujana que llevó a cabo el trasplante-. Si hubiésemos tenido que esperar más, probablemente lo habríamos perdido o hubiera estado demasiado débil para someterse a la operación.»
McCaleb ya ha salido del hospital y se encuentra físicamente activo transcurridas tan sólo ocho semanas desde el trasplante. Afirma que sólo en ocasiones piensa en las investigaciones de absoluta taquicardia que le ocuparon en el pasado.
La lista de casos del antiguo agente se lee como un Quién es Quién de un macabro Paseo de la Fama. Entre los casos en los que trabajó en Los Ángeles destacan las investigaciones del Merodeador Nocturno y el Poeta, y desempeñó un papel protagonista en la persecución del Asesino del Código, el Estrangulador de Sunset Strip y Luther Hatch, que fue conocido tras su detención como el Hombre del Cementerio, por las visitas a las tumbas de sus víctimas.
McCaleb ha trabajado durante muchos años elaborando perfiles psicológicos en la unidad de Quantico.
