
No todos los casos se resolvieron con éxito y al final el estrés pasó factura. McCaleb sufrió un ataque cardiaco mientras trabajaba a altas horas en la oficina de campo local, donde fue encontrado por un conserje nocturno que sin duda le salvó la vida. Los médicos determinaron que McCaleb sufría una avanzada cardiomiopatía -un debilitamiento del músculo cardiaco- y lo pusieron en la lista de espera para un trasplante. Entre tanto, el FBI le concedió el retiro por incapacidad laboral.
McCaleb cambió su busca del FBI por uno del hospital y éste sonó el 9 de febrero: había un corazón compatible. Después de una operación de seis horas en el Centro Médico Cedars-Sinai, el corazón del donante latía en el pecho de McCaleb.
McCaleb no está seguro de qué hará con su nueva vida aparte de ir a pescar. Ha recibido ofertas de antiguos agentes y detectives de la policía para unirse a ellos en calidad de investigador privado o consejero de seguridad. No obstante, de momento su objetivo es restaurar el Following Sea, un pesquero deportivo de veintidós años que heredó de su padre. La embarcación, que estuvo deteriorándose durante seis años, cuenta ahora con la atención a jornada completa de McCaleb.
«Por el momento me satisface tomarme las cosas con calma -dice-. No me preocupo demasiado por lo que vendrá.»
Tiene pocas quejas, pero como todos los investigadores retirados y los pescadores se lamenta de los que escaparon.
«Desearía haber resuelto todos lo casos -asegura-. Odiaba que alguien culpable saliera impune. Todavía lo odio.»
