Pasó junto a ella, abrió la puerta corredera y entró al salón. Cerró tras de sí: necesitaba la separación. Se arrodilló ante los cajones que había bajo la mesa de navegación y empezó a buscar su agenda telefónica. Llevaba tanto tiempo sin necesitarla que no sabía a ciencia cierta dónde estaba. Miró a través de la puerta y vio que la mujer apoyaba las caderas contra el espejo de popa mientras aguardaba.

El vidrio ahumado de la puerta impedía que ella se apercibiera de que la estaba contemplando. La sensación de familiaridad le invadió de nuevo y trató una vez más de situarla. Le resultaba muy atractiva. Aquellos ojos oscuros con forma de almendra parecían al mismo tiempo tristes y conocedores de algún secreto. Sin duda se acordaría si se la hubiera encontrado antes o si simplemente se hubiera fijado en ella. Pero no recordaba nada. La mirada de McCaleb fue instintivamente hacia las manos de la mujer en busca de un anillo: no llevaba ninguno. Había acertado en lo de los zapatos, calzaba sandalias con tacones de corcho de cinco centímetros. Las uñas de los pies, pintadas de rosa, resaltaban en su piel morena. Se preguntó si siempre luciría ese aspecto o bien se había vestido así para convencerle de que aceptara su propuesta.

Encontró la agenda en el segundo cajón y buscó a Jack Lavelle y Tom Kimball. Escribió sus nombres y números en un folleto viejo del servicio naval y abrió la puerta. La mujer estaba abriendo el bolso cuando él salió. McCaleb sostuvo el papel en alto.

– Aquí hay dos nombres. Lavelle es un agente retirado de la policía de Los Ángeles y Kimball trabajaba en el FBI. He colaborado con los dos y cualquiera de ellos hará un buen trabajo para usted. Elija uno y llámelo. Asegúrese de decirle que viene de mi parte y le atenderá.

En lugar de agarrar el papel que le ofrecía, la mujer sacó una foto del bolso y se la tendió. McCaleb la tomó sin pensar y de inmediato reparó en que había cometido un error. Tenía en la mano el retrato de una mujer sonriente, que miraba a un niño pequeño mientras éste soplaba las velas de un pastel de cumpleaños.



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