
Por cierto, el conde Tolstoi, muchísimas, querida consulesa. ¡Cómo son las cosas!, una tiende a pensar que el genio se ocupa en exclusiva de asuntos filosóficos, o éticos e históricos, pero luego sucede que los privilegiados cerebros también se distraen con nimiedades y montan unos cristos del diablo cuando sus esposas leen a escondidas páginas de sus diarios y van ellos mismos y leen a hurtadillas los diarios de sus esposas pensando que éstas les ponen cuernos… en fin, un catálogo de pequeñas miserias sin cuento. Yo estaba llamada a ser una genio de la literatura, amiga mía, pero como dijo el poeta Dios: «Son muchos los llamados y pocos los escogidos.» ¡Qué jodido el poeta Dios! De manera que me di cuenta de que no podía despilfarrar mi talento haciendo intentos de ser comprendida y aceptada, vitoreada. Eso comporta muchas humillaciones, aunque parezca un contrasentido. Debes llamar a muchas puertas y pedir muchos consejos, sufrir exámenes reiterados como si fueras siempre una adolescente. Y total, para luego consignar en tu diario que te ha sentado mal la merienda como hacía Tolstoi. ¡Ah, no, hasta ahí podíamos llegar!, no hemos abominado de la cotidianidad femenina, tan llena de banalidades domésticas, para ir a caer en semejante trampa. Cuando los genios sean de otra manera y se muestren más sublimes, veremos. Hay que ir desbancando a los modelos. Yo soy tan genial que he renunciado al genio debido a todos los componentes no geniales que lleva aparejados. Y bien, ¿qué puedo hacer llegados a este punto, señora consulesa, soltarle una arenga hedonista del tipo: «Pensemos todos, hermanos, en los agradables vasos de vino que nos quedan por apurar, las puestas de sol, las alegres morcillas que aún revientan en el asador?» Pues no, la verdad, la vida es como es y yo la vivo como puedo, pero con dignidad. Por eso he venido a México, en vez de ir a Moscú. En México traduzco a Tolstoi y no descarto que, estando alguna vez en Moscú, traduzca al ruso a Octavio Paz. En cualquier caso, sigo a mi marido como una buena esposa, hasta el final.