Lo máximo que le vio hacer fue huir de los círculos en los que su esposa reinaba momentáneamente con sus alocadas disquisiciones. E incluso esto lo hacía con suavidad, no se alejaba con violencia o visible determinación, sino que se desplazaba suavemente, como si fuera un visitante del Speakers' Córner y ya hubiera escuchado suficiente a un orador, y se decantara por ir a mirar qué era lo que otro ofrecía. Tenía las sienes plateadas, la nariz recta, gafas sin montura y era alto. «Una reacción perfecta -pensó Victoria-. No interfiere en los actos de su mujer, ni la incómoda con llamadas a la precaución social.» Pero había algo triste en él, en el fondo de los ojos, en la parte trasera de su expresión. Procuró dejar de mirarlo, podía darse cuenta y considerarla como una maldita cotilla. Hizo bien, porque ahora estaban juntos a la entrada de la colonia, frente a frente, y hubiera sido muy embarazoso. Bueno, pues allí se encontraron. Ella siempre procuraba mirar desde lejos que nadie estuviera a punto de salir a pasear al mismo tiempo que ella lo hacía. Resultaba violento marcharse sola, y cargar con alguien durante todo el paseo nunca le apetecía. Charlar estando atenta a un interlocutor arruinaba todo el placer del paseo. Pero aquella mañana ni lo había pensado siquiera; era muy temprano y la noche anterior todo el mundo había trasnochado en la fiesta, imaginó que la colonia estaría desierta. Pero no fue así, se encontró con Santiago en la verja de entrada.

Ninguno de los dos podía negar que se disponía a dar una vuelta matutina por San Miguel, ¿qué demonios hacían si no allí a aquellas horas? Iba a resultar una situación incómoda, una fatalidad. Quizá si ambos hubieran llevado mucho tiempo ya viviendo en la colonia, podrían haber enarbolado la bandera de la mutua confianza y echar cada uno por su lado, pero Santiago acababa de llegar, desconocía pues las costumbres, y ella debía ser amable con un recién llegado. Mientras llevaba a cabo estas complejas meditaciones de urgencia, Santiago se limitó a sonreírle, y adecuó su paso al de ella con la mayor naturalidad.



26 из 368